Inseguridad. Falta de confianza. Distorsión de la realidad. Emociones a flor de piel. Irritabilidad. Un sinfín de ingredientes en mi ser. Esta es la mala versión de ser una ansiosa. Ansiosa negativa que se enjaula en su propia cárcel. Sabía que tenía la llave en algún sitio. No ha conseguido encontrar la libertad, pero sí es verdad que los barrotes le han permitido más de una vez respirar profundamente y recordar que hay vida para ella.
Volver. Volver a casa. Al "hogar". Y las farolas seguían alumbrando igual junto con las ausencias. Me faltaba gente, me faltaban ganas. Sólo encontré algo de paz en mi refugio desde pequeña: mi casa. Dos personas me habían echado mucho de menos. Lo veía en sus ojos y en su ilusión de hablarme. Menos mal que están esos momentos que te encienden el corazón.
Pero también hubo otros que me lo apagaron y me devolvieron a la oscuridad. Y yo siempre había tenido miedo a la oscuridad. Recuerdo una época de mi infancia que no era capaz de dormir con la luz apagada. Menos mal que todo pasa. Todo.
Me he cuestionado estos días si realmente soy feliz en Badajoz y me respuesta ha sido negativa. Yo, que he amado donde vivo porque era donde vivía, ya no aguantaba aquí. Esto no quiere decir que ame estar fuera, pero he encontrado mi hogar en las personas que me hacen sentirlo. Ahora no voy a buscar volver a casa. No. Sería un error. Voy a buscar volver a aquellas personas que me enseñan a amar la vida y a disfrutarla. Que me recuerdan la felicidad y lo bien que sabe con ellos.
Lo siento, no creo que vuelva a casa como antes deseaba.
Volveré a todos aquellos que me habéis creado recuerdos y sentimientos. Mi casa está en mí. Está en ellos. Os quiero. Me quiero.
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